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La edad del «No»

La edad del «No»

Alrededor de los dos años y hasta los cuatro, o incluso los cinco, los niños y niñas viven una etapa típica de negación, también conocida como la Edad del NO. Muchas veces, esta fase de negación pone a prueba la paciencia de los padres y madres más comprensivos. Si lo que antes el niño o niña hacía de buena gana y con una sonrisa en la cara, ahora supone berrinches y peleas.

Es esencial tener claro aquí que las negativas constantes son una fase fundamental de su maduración y desarrollo evolutivo; y que, con esta actitud, su objetivo no es molestar a los padres o madres; sino que afirmar su propia identidad. En efecto, su negativa se debe a que ha comenzado a tener conciencia de sí mismo como ser individual; está aprendiendo a ser “independiente” y cree que, para reafirmarse, debe oponerse a todo lo que se le diga.

Dicho de otro modo, los niños y niñas descubren que tienen voluntad y su conducta será ejercerla cuanto sea posible; esto, unido al hecho que aún tienen poca conciencia de cómo sus decisiones afectan a los demás y les cuesta mucho ceder. Para que esta etapa del “no” siga su curso natural y desaparezca con el tiempo, es
importante tener en cuenta las siguientes sugerencias:

Tener normas claras y estables respecto del funcionamiento y convivencia en el hogar. El niño y niña necesitan desenvolverse en un marco de estabilidad, conociendo las rutinas y expectativas de comportamiento que se tienen sobre él o ella, y para esto es necesario que los padres y madres conversen con sus hijos e hijas respecto de las normas básicas a respetar en la familia, que hayan sido creadas y consensuadas de manera conjunta. Junto con marcar estos límites esenciales, será necesario generar en todo momento oportunidades para que los niños y niñas puedan avanzar en su autonomía, promoviendo que sean protagonistas de elecciones, decisiones y acciones. Es recomendable que las indicaciones y solicitudes que se planteen a los niños y niñas sean cortas, claras y directas, evitando dar varias instrucciones al mismo tiempo, como, por ejemplo: “ponte las zapatillas, lávate las manos y luego tómate el jugo”.

Permitir al niño y niña la expresión del “no”. Los niños y niñas no sólo tienen derecho a decir no; es bueno y necesario que aprendan a hacerlo, para fortalecer progresivamente su autoconfianza y seguridad en sí mismos. Por lo tanto, es importante permitirles expresar su resistencia, y luego evaluar si es posible y aconsejable ceder a su deseo. En la medida en que el niño y niña se sientan escuchados y respetados en sus necesidades y deseos, aprenderán a escuchar y respetar.

En este sentido es importante revisar qué tantos “no” estamos planteando a los niños y niñas, ya que muchas veces se tiende a utilizar el “no” casi automáticamente, como un acto reflejo, sin pensar realmente si es razonable lo que el niño o niña está pidiendo. Además, es necesario recordar que lo que puede ser negativo o peligroso para el niño o niña a una edad, ya no lo es cuando es más grande. Es bueno que aprenda y quiera hacer cosas él solo, por lo que quizá ese “no” puede ser cambiado por un “sí, pero papá irá contigo para ayudarte si lo necesitas”.

• Ofrecerles la posibilidad de elegir entre opciones. Es relevante ofrecer al niño y niña opciones de conducta frente a una situación, en vez de plantearle una sola posibilidad. Con dos elecciones a esta edad será suficiente y eso evitará potenciales conflictos. Por ejemplo: “¿Qué prefieres ponerte, el abrigo rojo o el azul con capucha?” De esta manera, se deja claro de una manera asertiva que no existe la posibilidad de ir sin abrigo, pero, a la vez, se le muestra que sí puede elegir dentro de un cierto rango. También es positivo dejarle tiempo para reflexionar cuando diga que no a algo que uno sabe que en el fondo sí le gustaría hacer. Por ejemplo: “Si no vamos al parque, no podrás subirte al columpio”.

Ampliar su vocabulario. Un motivo que puede contribuir a que el niño o niña diga con mucha frecuencia No es que su vocabulario sea limitado y conozca pocas palabras. Aquí será recomendable ayudarle a ampliar y enriquecer su vocabulario, modelándole el uso de palabras que están entre el no y el sí: “puede ser, quizás, a lo mejor”. Los niños y niñas hacen lo que ven y el adulto es un importante modelo.

Plantearles las solicitudes en positivo. Muchas veces será más más útil solicitar al niño o niña la conducta que uno desea que manifieste, en vez de señalarle lo que está “haciendo mal”. Por ejemplo: en vez de decirle “No veas tan de cerca la televisión”, puede planteársele “¿Por qué no te vienes a sentar aquí conmigo?”. Lo primero es una instrucción, y el niño o niña puede que reaccione tratando de autoafirmarse. Lo segundo, al ser una instrucción “disfrazada” de sugerencia, no tendrá una connotación negativa que pueda generar resistencia al niño o niña.

No perder la calma ante rabietas. Habrá momentos en que el niño o niña no logre lo que desea y reaccionará con rabia, llanto, etc. Frente a esto es importante mantenerse firmes, tranquilos y no ceder a sus deseos, porque esa será la mejor forma de ayudarle a superar su rabieta. Lo indicado será esperar a que se le pase y luego dialogar con él/ella, tratándole con cariño.

Pequeños niveles de frustración son recomendables porque consiguen que el niño y niña aprendan a diferenciar entre el deseo y la realidad, algo fundamental para enfrentarse al mundo el día de mañana.

Hacer siempre lo que quiere no ayuda al niño o niña a crecer; al contrario, ello afectará su capacidad de autorregulación emocional y empatía; y le generará inseguridad y ansiedad.

Darle atención a sus “Sí”. Es muy importante centrarse en las conductas positivas que hace el niño o niña, felicitándolo/a o elogiándolo/a, en vez de retarlo por las conductas negativas. Por ejemplo: “¡Qué bueno que hiciste esto, muchas gracias!”, “Me encanta que hayas querido salir conmigo”. El reconocimiento de una conducta hará que se mantenga en otras ocasiones.

FUENTE: www.parvularia.mineduc.cl

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